On The Things We Hide

Sobre Las Cosas Que Escondemos

Guest post by María Teresa Cruz

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“People have no clue what depression is really like” — he said to me, and I was quick to concede his point. What followed next was a very interesting conversation about common misconceptions surrounding mental illness, how difficult it can be to acknowledge when we’re going through a tough time, and the lengths we go to in order to convince others that the opposite is true.

Despite its prevalence, the average person doesn’t seem to know a lot about the subject. Add to that the stereotypes and general misinformation that tends to spread in our own social circles —and beyond— and things start to become even murkier.

“Why can’t they just get over it?”— some will ask, the exasperation ringing in their voices.  

Others conclude that it’s just ñoñerías and suck their teeth in disapproval.

“It’s not a big deal”— your cousin exclaims.

“He’s just looking for attention”— the group will comment. You can already see their eyes rolling in unison before it happens.

Although this isn’t the case with everyone, it’s not hard to see why some people have a hard time reaching out. Not only do we lack a basic understanding of what mental illness is and what it looks like —surprise, it’s different for everyone—, but we can be outright dismissive of people’s feelings and experiences when they come to us with their concerns.

As you can imagine, the fear of being rejected, judged or misunderstood keeps people from speaking about what’s troubling them. Coupled with the stigma that is still associated with mental illness, you then create a recipe for absolute silence on both ends.

And that silence kills people.

Culturally, we’re not prone to talk about these things openly and in avoiding the subject, we’re doing ourselves and our youth a great disservice. In 2015, for example, we were already seeing a steady increase in the suicide rate, and in the first nine months of 2016, 420 people had already taken their lives. These numbers didn’t even include the children and teenagers who had done so as well.

With this type of information in our hands, you’d think there would be bigger efforts to bring about a serious dialogue regarding mental health, but alas, we are once again met with dreadful silence. No campaigns, health operatives, or even talks to the public. No resources allocated to this problem.

“It just isn’t a priority in this country”— our professor explained. I can still hear the disappointment in her voice as the words left her mouth. I feel it now too, and I’m afraid it won’t change until we’re willing to talk about it— at a national level with the aid of government and health organizations, as well as mental health professionals, but also at a personal level, amongst our friends and loved ones.

When we create spaces where people feel safe to share their stories, that can go a long way in helping them on their way to healing. When we talk openly about depression and there are concerted efforts to bring about a more public discussion, we can also send a message to the people who are struggling with mental illness that their struggle is real, that it doesn’t devalue them, that there are resources available to them, and that they shouldn’t be afraid to reach out and ask for help.

Though certainly intimidating in the era of carefully curated, picture-perfect social media moments, each one of us can also commit to being more honest with others —and ourselves— about our own struggles. Real life is rarely as pristine, and there’s nothing inherently wrong with its messiness. Let us not forget that this also makes us human, and that it is this humanity that allows us to connect with others.

May we never lose touch with that part of ourselves.

To learn more about depression, you can visit the following websites: Mayo Clinic, Psych Central, Depression and Bipolar Support Alliance and the National Institute of Mental Health.


 

“La gente no tiene idea de lo que es la depresión” — me dijo, y no tardé mucho en darle la razón. Lo que surgió después fue una conversación muy interesante sobre ideas equivocadas que tenemos sobre las enfermedades mentales, cuán difícil puede ser reconocer cuando estamos pasando por un mal momento, y el esfuerzo que hacemos para convencer a los demás de lo contrario.

A pesar de su prevalencia, la persona promedio no parece conocer mucho sobre el tema. Si a eso se le agregan los estereotipos y la desinformación en general que tiende a difundirse en nuestros propios círculos sociales —y más allá— y las cosas empiezan a tornarse aún más nebulosas.

“¿Porqué simplemente no lo superan?”— algunos preguntarán, la exasperación repicando en sus voces.

Otros concluirán que sólo son “ñoñerías’’ y soltarán chuipis en señal de desagrado.

“No es la gran cosa”— exclama tu prima.

“Él sólo está buscando atención”— comentará el grupo. Antes de que suceda, ya puedes verlas poniendo los ojos en blanco en unísono.

Aunque este no es el caso con todos, no es difícil imaginarse por qué a algunas personas se les dificulta tender la mano en búsqueda de ayuda. No sólo nos falta un entendimiento básico sobre lo qué es la enfermedad mental y cómo se ve —sorpresa, es diferente para todos—, sino que podemos ser totalmente despreciativos con los sentimientos y experiencias de los demás cuando se acercan a nosotros con sus preocupaciones.

Como te puedes imaginar, el temor a ser rechazado, juzgado o malentendido evita que la gente hable de lo que le está molestando. Sumado al estigma que todavía está asociado a las enfermedades mentales, entonces creas la receta para un silencio absoluto de ambas partes.

Y ese silencio mata a la gente.

Culturalmente, no somos propensos a hablar de estas cosas abiertamente y al evitar el tema, nos estamos perjudicando a nosotros mismos y a la juventud del país. En el 2015, por ejemplo, ya estábamos viendo un aumento paulatino en la tasa de suicidio, y en los primeros nueve meses de 2016, 420 personas se habían suicidado. Estos números ni siquiera incluían a los niños y adolescentes que también lo habían hecho.

Con este tipo de información en nuestras manos, creerías que habrían mayores esfuerzos para dar lugar a un diálogo serio sobre la salud mental, pero desafortunadamente, una vez más nos encontramos con un silencio espantoso. Ningunas campañas, operativos de salud, o incluso charlas al público. Ningunos recursos adjudicados a esta problemática.

“Simplemente no es una prioridad en nuestro país”— explicaba nuestra profesora. Todavía puedo escuchar la desilusión en su voz mientras las palabras salían de su boca.

Ahora yo también la siento, y me temo que no cambiará hasta que estemos dispuestos a hablar al respecto— a nivel nacional con la ayuda de organizaciones gubernamentales y de salud, así como con profesionales de la salud mental, pero también a nivel personal, entre nuestros amigos y seres queridos.

Cuando creamos espacios donde las personas se sienten en la confianza de compartir sus historias, eso puede ser de mucha ayuda en su camino a la recuperación. Cuando hablamos abiertamente sobre la depresión y hay esfuerzos conjuntos para generar una discusión pública, también podemos enviarle el mensaje a aquellas personas luchando con una que otra enfermedad mental que su lucha es real, que esto no los devalúa, que hay recursos disponibles para ellos, y que no deberían tener miedo de extender su mano y pedir ayuda.

Aunque ciertamente intimidante en la era de los momentos impecables y cuidadosamente seleccionados de las redes sociales, cada uno de nosotros también puede comprometerse a ser más honesto con los demás —y con nosotros mismos— sobre nuestras propias luchas. La vida real nunca es tan inmaculada, y no hay nada intrínsecamente malo con su desorden. No olvidemos que esto también nos hace humanos, y es esta humanidad que nos permite conectarnos con los demás.

Ojalá y nunca perdamos de vista esa parte de nosotros.

Para aprender más sobre la depresión, puedes visitar los siguientes sitios web: Mayo Clinic, Psych Central, Depression and Bipolar Support Alliance y el National Institute of Mental Health.


María studied psychology in college and currently works as an academic adviser in Santiago, Dominican Republic. When she's not telling people about study opportunities abroad, she enjoys sharing her writing through her own blog / María estudió Psicología en la universidad y actualmente trabaja como asesora académica en Santiago, República Dominicana. Cuando no está contándole a otras personas sobre las oportunidades de estudio fuera del país, disfruta compartir sus escritos en su propio blog.