It Will Never Feel Like ‘Home’ Again

Nunca Más Se Sentirá Como Mi ‘Casa’

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Moving from a tropical island to a city where you can experience all four seasons is nothing short of fascinating. The idea that mere months can separate frigid temperatures from warm afternoons, where the only appropriate thing to do is sit outside to watch the sunset doesn't seize to amaze me - even six years later.

Maybe it’s the hibernation that we all do one way or another, or losing all the color of my skin between November and February, but once the sun starts to shine and I get just a little bit of my tan back, I am also immediately transported to home. To my half island.

A lot has been said and written about the immigrant experience, but what no one told me before I embarked on the craziest of rides that has been moving to New York and becoming an adult here was that I’d never truly belong to either place. People often say Home is where you are, but then how can they explain there is not a day I don't miss the warm sun in my skin, the tropical breeze, not only my parents but being their daughter in silence, and yet I know that if I ever were to permanently go back to the place I grew up in, I’d never feel the same.

When you leave the place you grew up in you don't only let go of the people you love, but you also let go of being part of their lives. They'll build routines that don't include you, they'll form ideas about the world in ways you most likely won't ever understand or relate to, and you'll do the exact same thing.

It's very easy to romanticize the shit out of your birthplace, and truth to be told everyone knows that connection to that special place never goes away, but to think you can simply leave for a long time and go back to feel the same as if you had never left is unrealistic. Being an immigrant changes you. It changed me in so many ways I wish I could properly put it into words, and maybe one day I will. This experience has allowed me to start again and develop parts of myself that could not exist had I not stepped out of the place I’ll always love the most.

Yes, home can be wherever you are, and you can make many different places feel familiar and safe, but as the trees turn green again and the sun gets a little warmer in the big apple, I'll still be dreaming of burying my feet in the cold wet sand while the warm humid breeze kisses my face - even if when I go back it does not feel the same.

 

Mudarse de una isla tropical a una ciudad donde se viven todos los extremos de las cuatro estaciones es una experiencia fascinante. El simple hecho de que uno o dos meses puede separar temperaturas bajo cero de tardes agradables en las que lo único prudente es sentarse cerca del agua a ver el atardecer no deja de impresionarme - incluso ya seis años después.

Tal vez es la hibernación que hacemos todos aquí, de una manera u otra, o el hecho de que pierdo casi todo el color de mi piel entre Noviembre y Febrero, pero es que una vez que el sol comienza a brillar y regresa un poquito del color olivo de mi piel, mi mente se va de vuelta a casa. A mi media isla.

Mucho se ha dicho y escrito acerca de la experiencia que es ser unx inmigrante, pero lo que nadie me dijo antes de embarcarme en el más alocado viaje de mi vida que ha sido mudarme a Nueva York y volverme una adulta en esta ciudad es que nunca más iba a pertenecer a un sólo lugar. La gente suele decir que tu casa es en el lugar en el que estás, pero entonces cómo pueden explicarme que no hay un día de mi vida en el cual no extrañe el sol caliente en mi piel, la brisa tropical, no solamente la presencia de mis padres pero también simplemente ser su hija en silencio. Y aún con todo esto, saber que si alguna vez regresara de manera permanente a mi país nunca me sentiría igual.

Y es que cuando te vas del lugar que te vio crecer, no solamente dejas a las personas que amas sino que también dejas de ser parte de sus vidas. Todos tus seres queridos construirán rutinas que no te incluyen, formarán ideas y maneras de ver el mundo que probablemente no vas a entender o encontrar similitudes, y tu harás exactamente lo mismo.

Es muy fácil idealizar el lugar donde naciste, y está claro que la conexión a ese lugar no deja de ser parte de tu vida, pero pensar que te puedes ir por un largo tiempo y luego regresar con la idea de sentirte igual que como antes de irte no es realista. Ser un inmigrante te cambia. A mí misma me cambió de maneras que quisiera poder poner en palabras que le hagan justicia, y tal vez algún día lo haga. Esta experiencia me ha permitido comenzar de nuevo y desarrollar partes de mi persona que no podrían existir si no me hubiese salido de ese lugar que he amado más que a cualquier otro.

Sí, tu hogar puede ser en el mismo lugar en el que estás, y claro que puedes hacer que diferentes lugares se sientan seguros y familiares, pero mientras los árboles se vuelven a vestir de hojas verdes y el sol en la gran manzana y el sol se siente más caliente en mi piel, yo aún estaré por siempre soñando lo que se siente hundir los dedos en la arena mojada y la brisa húmeda besándome la cara, aunque al regresar a ese mismo lugar no se sienta igual.

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