Mind-Wandering

Pensamientos Errantes

Guest post by Lea Espinal

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On a quiet Sunday afternoon, sitting on a rocking chair in my grandfather’s terrace, I enjoyed a rare moment of simple relaxation and, with no hurry or urgency in my head, I indulged in some mind-wandering.

With not much else to do, I ended up looking back on my pictures on social media, my long time companion. I went back as far as 2007, enjoying the beautiful pictures and laughing at the ones that came out blurry, and the thousands of memories they hold.

Faced with all of these thoughts, I reflected on how these memories have shaped me. Years ago, there were times when I feared that all of these pictures hindered my enjoyment of the present moment, and I was often discouraged when some people claimed that all of those pictures didn’t matter that much. To those people, today I would just say that the bittersweet smile on my face as I browsed through those pictures and read the old captions testifies to the contrary. Still, I couldn’t help but wonder if my recurrent browsing through all of those memories keeps me too fixated on a past that’s not coming back.

Again, my thoughts kept wandering around and reminded me of the movie “Midnight In Paris”, Woody Allen’s gorgeous 2011 feature where every night at midnight, our protagonist Gil traveled back to the Paris of the 1920s, a time he looked up to as the “golden age.” There, he meets all sorts of famous artists like Picasso and Hemingway, and becomes smitten with a beautiful French woman called Adriana. I guess what got me thinking of this movie is how, for me, Gil’s predicament about the excitement for the past versus the dullness of his present was sometimes too relatable. In the film it was Paul, the pedantic and “intellectual” antagonist, who tried to bring Gil back to earth when he said that nostalgia was “just an erroneous notion that a different time period is better than the one one’s living in”.

What caught my attention the most about the film is that love-interest Adriana, who was actually from the “ideal” 1920s, found those times to be just as uninteresting as Gil found his present, and longed for her own golden age as well, Europe’s Belle Epoque. But then, the famous artists from La Belle Epoque longed to go back to the Renaissance, and it could’ve gone on and on, creating a never-ending loop.

In that way, I guess the movie tries to show that, unlike what social media would like us to believe, no other time, or no other life, is really as perfect as we think it is. I stand by my belief that looking back on those insta-moments doesn’t do us any harm, as long as we are mindful not to get too hung up on the past, lest we miss out on enjoying the life around us, and get to enjoy simply being and letting our mind roam free, like it happened to me on that lazy Sunday.

 

En una tarde de domingo, sentada en una mecedora en la galería en casa de mi abuelo, mientras disfrutaba de un escaso momento de simple relajación, y sin ninguna prisa ni urgencia en mi mente, me entregué a mis pensamientos errantes.

Con poco más que hacer, me puse a ver mis viejas fotos de las redes sociales, llegando hasta el 2007. Me tocó reírme de los momentos borrosos, pero también disfruté de otros que fueron muy hermosos.

Frente a todos esos recuerdos, reflexioné sobre cómo estos me han formado. Hubo un tiempo años atrás cuando temí que mi empeño en tomar esas fotos no me permitía disfrutar el aquí y ahora, y a menudo me desanimaba cuando ciertas personas que quizá no me conocían tanto reclamaban que luego de dar click ya jamás me acordaría de esas ellas. Si me preguntaran hoy, solo les podría decir que mi sonrisa nostálgica mientras pasaba el rato en Instagram dice todo lo contrario. De todos modos, muchas veces me he preguntado si todo el tiempo que paso recordando esos viejos momentos me mantiene muy atada a una vida que ahora es muy diferente.

Y así, una cosa llevó a la otra y terminé recordando a “Midnight in Paris”, esa hermosa película de Woody Allen, donde cada medianoche el protagonista, Gil, viaja de vuelta al París de los 1920, un tiempo que considera como la “época de oro.” Allí conoce artistas como Picasso y Hemingway, y se enamora de Adriana, una bella parisina. Me imagino que lo que me hizo pensar en esta película es que, para mi, el dilema de Gil sobre la emoción del pasado versus la monotonía del presente resulta un tanto muy familiar. En el film, es el antagonista Paul, un hombre pedante e “intelectual”, quien le pone los pies en la tierra y le dice que la nostalgia no es más que “Una noción errónea de que un periodo de tiempo diferente es mejor que el que estamos viviendo.”

De la película, lo que más llamó mi atención es que Adriana, que en realidad pertenecía a los “ideales” 1920, pensaba que esos tiempos eran tan sosos como Gil encontraba su presente, y a la vez añoraba con su propia era de oro, la Belle Epoque. Pero entonces, los famosos artistas de La Belle Epoque añoraban con vivir en el Renacimiento, y pudiera haber continuado así sucesivamente, creando un ciclo interminable.

Me parece que de esa forma la película, contrario a lo que las redes sociales quisieran hacernos creer, nos muestra que no hay otro tiempo, ni alguna otra vida, que sea tan perfecta como pensamos. Sigo creyendo que volver a visitar esos momentos que capturamos en las redes no hace tanto daño, siempre y cuando no nos quedemos muy atados al pasado -no vaya a ser que nos perdamos de los buenos momentos que pasan en el presente- y que podamos disfrutar lo bueno de simplemente dejarse llevar, como me pasó a mi esa tarde de domingo.


Lea is a psychology graduate living in Santiago, Dominican Republic. She has served as an editor for hola, rita. for over a year and is now also sharing her stories from Dominican Republic. / Lea está graduada psicología y vive actualmente en Santiago, República Dominicana. Lea ha servido como editora de hola, rita. por más de un año y ahora se une al equipo de contribuidoras para contar  sus historias desde la isla.