Guest Post: Living Abroad

Viviendo Fuera de Casa

Guest post by Aimée Perez

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Since I was very young I knew that leaving home to train professionally wasn’t an option I would discuss with my family members, my groups of friends or even with whom my partner was at the time I had to make that decision. More than an option, I understood that it was an obligation that I had to fulfill by wearing the label of the so-called "millennials". But what I never knew or was told is that in addition to the professional, I would have to grow personally.

Getting to an unknown city, without knowing where to live, with seasons that manifest themselves in their maximum expression, with people just like their cold winter, while coming from a small island, with a warm and little changing weather, with close, hospitable people and very similar to its own climate, it was something that in my flight of approximately eight hours to Madrid, I couldn’t stop imagining. It took me another hour and fifteen minutes to get to my final destination, my dreamed Barcelona that, lucky for me, received me between tapas and sangria, with my own people who immediately made me feel at home.

But not everything was the impressive of the Sagrada Familia, the colorful of Casa Batlló, the Paseo de Gracia movement or the good vibes of the city. Realizing that I wasn't on vacation and that I would not return home quickly was like colliding with the closest of my realities. After a few days, I started my classes and then I had to get used to Google Maps, the subway lines, the grocery shopping, the sound of the washing machine and to get to my house away from home, without my dogs, my family, without the food being served at the table and without my usual dinners with people very close to me.  This made me feel somewhat strange, or in a space little known to myself, but at the same time it reminded me of the many times that I wanted to live the experience of being out of home.

I began to miss my always present and willing mom, the smell of newspapers and dad's sports, the humming of a song in company of my sister, the fights with my brother, my close and protective relationship with the youngest of us all, the caresses of the grandfather accompanied by the laughter of the grandmother, the beautiful thing of my childhood with my cousins, the relationship that I share with my partner and my friends of always.

But more than to miss, I learned to be with myself, to get "pretty" just for me, to know more about my shortcomings and to reward my virtues. I learned to admire the sound of the alarm clock and the smell of a hot entrepan, and to be empathetic with those who also live my experience but perhaps from other perspectives with other colors and nuances.

I dedicated myself to meeting wonderful people, some very similar to me, others very different, but with their own characteristics I can now call them family. In addition, I learned to adapt and make myself malleable to a culture different from mine without forgetting that one that watched me grow, and if I had to choose once again to live this experience, a thousand times I would say yes.

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Desde muy joven sabía que salir de casa para formarme de manera profesional no era una opción que debatiría con mis familiares, mis grupos de amigos o inclusive con quien fuese mi pareja en el momento que me tocara tomar esa decisión. Más que una opción, entendía que era una obligación que debía cumplir por llevar la etiqueta de los tan mencionados “millennials”. Pero lo que nunca supe o nunca me dijeron es que además de lo profesional me tocaría crecer en lo personal.

Llegar a una ciudad desconocida, sin saber ni tener donde vivir, con estaciones que se manifiestan en su máxima expresión, con gente igual que su frío invierno, viniendo de una pequeña isla con un clima poco cambiante y caluroso, con gente cercana, hospitalaria y muy parecida a su propio clima, era algo en que en mi vuelo de aproximadamente ocho horas hasta Madrid, no podía dejar de imaginar. Me tomó otra hora y quince minutos más llegar hasta mi destino final, mi tan soñada Barcelona, que para mi suerte, me recibió entre tapas y sangrías, con mi propia gente que enseguida me hicieron sentir como en casa.

Pero no todo fue lo impresionante de la Sagrada Familia, lo colorido de la Casa Batlló, el movimiento de Paseo de Gracia o la buena vibra de la ciudad. Darme cuenta de que no estaba de vacaciones y que no regresaría a casa rápidamente fue como chocar con la más cercana de mis realidades. Pasado algunos días empecé mis clases y en seguida tuve que acostumbrarme a Google Maps, las líneas del metro, las compras rutinarias del supermercado, al sonido de la lavadora y a llegar a mi casa fuera de casa, sin que me recibieran mis perritos, mi familia, sin que la comida estuviera servida en la mesa y sin mis tan acostumbradas cenas con personas muy cercanas a mí. Esto me hacía sentir algo extraña, o en un espacio poco conocido para mi pero a la vez me recordaba las tantas veces que desee vivir la experiencia desde fuera de casa.

Empecé a extrañar a mi siempre y tan dispuesta mamá, el olor a periódico y los deportes de papá, el tararear una canción en compañía de mi hermana, las peleas con mi hermano, mi tan cercana y protectora relación con el menor de todos nosotros, las caricias del abuelo acompañada de las carcajadas de la abuela, lo bonito de la infancia con mis primitos, la relación que comparto con mi pareja y mis amigos de siempre.

Pero más que extrañar, aprendí a estar conmigo misma, a ponerme “linda” simplemente para mí, a conocer más a fondo mis defectos y premiar mis virtudes. Aprendí a admirar el sonido del despertador y el olor de un entrepan caliente, y a ser empática con quienes también viven mi experiencia pero quizás desde otras perspectivas con otros colores y matices. Me dediqué a conocer gente maravillosa, algunos muy parecidos a mi, otros muy diferentes pero que con características propias puedo ahora llamar familia.

Además,  aprendí a adaptarme y hacerme maleable a una cultura distinta a la mía sin olvidarle de aquella que me vio crecer y si tuviera que elegir una vez más vivir esta experiencia, mil veces diría que sí.


Aimée studied Psychology in Santiago, Dominican Republic, worked in educational centers for a long time and currently lives in Barcelona, studying a master's degree in Child and Adolescent Clinical Psychopathology at the Autonomous University of Barcelona. She is a kids lover, passionate about photography, adventure hunter and happiness seeker. / Aimée estudió Psicología en Santiago, República Dominicana, laboró en centros educativos por mucho tiempo y actualmente vive en Barcelona, cursando un máster en Psicopatología Clínica Infanto Juvenil en la Universidad Autónoma de Barcelona. Ella es amante de los niños, apasionada de la fotografía, cazadora de aventuras y buscadora de la felicidad.