River Boats and Elephants: What Traveling to Thailand Taught Me

Botes de Río y Elefantes: Lo Que  Viajar a Tailandia Me Enseñó

by Carmen Rita Candelario

Photo by Chandler Wild

Photo by Chandler Wild

Pretty much every single time I travel for a week or more, at about the fourth day, without fail, I feel like I’ve had enough. I start to miss my home and my routine (a big one for me). This totally happened during my recent trip to Thailand, but we were going to be there for 10 days and there was no turning back. So once I decided to push pass feeling uncomfortable, something very interesting happened: I fell in love with Bangkok.

Yes, it was really hot. Yes, the city is chaotic, dirty and rough around the edges. Yes, it was weird to be 11 hours ahead of what I call ‘my world’. But it was so beautiful. I fell in love with the freshness of the food and the boldness that accompanies even the simplest of dishes. I found it riveting and fascinating to walk streets where we were the only tourists, and there was nothing I loved more than letting random Thai women on the street know I loved their hair, makeup or outfit.

We decided to spend the entire trip in Bangkok, only getting out of the city to spend a day at the Wildlife Friends Foundation two hours south of the city. We rode the boats almost every day. We walked the old city, visited the Grand Palace, walked for hours in Chinatown and visited a pottery island called Koh Kret. One of the coolest things we did, aside from feeding elephants, was the 25 course tasting menu at Gaggan, an experience that does not come with a small price tag but I still consider the coolest culinary experience I’ve had to date.

The big disclaimer here is that I actually had family there, which naturally made the trip much more seamless and less intimidating. And not only that, it also made me realize the quality of life that exists outside of where I live and the fact that living abroad - especially in countries so foreign to us - can be far more exciting and rewarding than scary or isolating.

Aside from being completely charmed and pushed to be okay with being uncomfortable, I can say I most definitely caught the travel bug this time. After visiting Japan and now Thailand, I simply cannot wait for the next time we jet to the other side of the world to continue getting to know Asia.

I leave you with some of my favorite photos, which don’t do justice to the magic I witnessed, but will likely make you want to go there if you haven’t. At least I hope so!

P.S. Driving outside of Bangkok feels like you’re in Dominican Republic!

Photo by Chandler Wild

Photo by Chandler Wild

Prácticamente cada vez que viajo por una semana o más, alrededor del cuarto día sin falta, siento que ya tuve suficiente. Comienzo a extrañar mi hogar y mi rutina (algo super importante para mí). Esto definitivamente sucedió durante mi reciente viaje a Tailandia, pero íbamos a estar allí por 10 días y no había vuelta atrás. Así que una vez que decidí a desafiar mi zona de confort, algo muy interesante sucedió: me enamoré de Bangkok.

Sí, el clima estaba brutalmente caliente. Sí, la ciudad es caótica, sucia y con un poco de todo. Sí, fue raro estar 11 adelantada de lo que llamo 'mi mundo'. Pero fue tan hermoso. Me enamoré de la frescura de la comida y la audacia que acompaña incluso los platos más simples. Me pareció fascinante y emocionante caminar por las calles donde éramos los únicos turistas y no había nada que me gustara más que decirles a mujeres tailandesas en la calle que me encantaba su cabello, maquillaje o atuendo.

Decidimos pasarnos todo el viaje en Bangkok, solo saliendo de la ciudad para pasar un día en la Wildlife Friends Foundation, dos horas al sur. Nos montamos en los barcos casi todos los días. Caminamos por la ciudad vieja, visitamos el Gran Palacio, caminamos durante horas en Chinatown y visitamos una isla de cerámica llamada Koh Kret. Una de las mejores cosas, aparte de alimentar a los elefantes, fue el menú de degustación de 25 platos en Gaggan, una experiencia que no viene con un precio módico, pero considero la mejor experiencia culinaria que he tenido hasta ahora.

Algo que no debo dejar de decir es que tenía familia allí, lo que naturalmente hizo que el viaje fuera mucho más fluido y menos intimidante. Pero no solo eso, también me hizo darme cuenta de la calidad de vida que existe fuera de donde vivo y del hecho de que vivir en el extranjero, especialmente en países tan ajenos a nosotros, puede ser mucho más emocionante y gratificante que aterrador o aislado.

Además de encantarme por completo y presionarme a estar bien con mi incomodidad, puedo decir que definitivamente quedé con unas ganas de viajar insólitas. Después de visitar Japón y ahora Tailandia, simplemente no puedo esperar para la próxima vez que viajemos al otro lado del mundo para seguir conociendo Asia.

Aquí te dejo algunas de mis fotos favoritas, que en realidad no le hacen justicia a la magia que presencié, pero probablemente te harán querer ir si no conoces Tailandia. ¡Por lo menos eso espero!

P.D. - ¡Manejar en las afueras de Bangkok te hará sentir que estás en la República Dominicana!