I'm Not Your Friend

'Yo No Soy Tu Amiga, Soy Tu Mamá'

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Growing up, no matter if she was mad at me or not, my Mom would take every chance she had to remind me that “I am not my friend, I am your mother.” At the time, this statement seemed a bit rude and not at all cool. I was surrounded with friends that seemed to have very laid back relationships with their Moms, and because we all know the grass always appears greener on the other side, I wanted to have the same thing.

My Mom never doubted her words, even when she was wrong. This didn’t make her the most popular, but it was in her DNA to always project strength. To be honest, this attitude was very effective because I wasn’t scared of her per se (at least not all the time, because chancletas!), I respected her. I looked up to her and I knew that if she was going out of her way to make a statement I had to listen.

They say you never stop being someone’s child, but one of the things I cherish the most about growing older is how fascinating and, dare I say, ‘adult’ my conversations with Mom have become. Don’t get me wrong, we are still not friends, but our exchanges are now more interesting, raw and unique.

She listens to me like nobody else can and knows me better than anyone else will - the woman can sense something is going even over the phone! She knows when to leave me alone, but her sixth sense is sharper than ever because just when I think my world is falling apart, she is right there to pick me up without me even prompting her.

She’s strong, independent and just about the most hardworking person you will ever meet, and her devotion to being a Mom, even when her only child lives miles away, is what makes me dream about having my own family some day. Because, contrary to what I loved to say when I was teenager, I can only wish I grow up to be like her.

Yes, she is not my friend and I am perfectly fine with that, because she is my Mom, and that is far better than any friend I could ever have.

 

Desde bien joven, no importa si estaba brava conmigo o no, mi mamá siempre encontraba un momento para decirme “yo no soy tu amiga, soy tu Mamá.” En ese entonces, esto me parecía un poco cruel y para nada cool. Muchas de mis amigas parecían tener relaciones super relajadas con sus madres y yo, naturalmente, quería lo mismo.

Mi Mamá nunca dudaba sus palabras, aún cuando estaba equivocada. Esto no la volvía la más popular, pero estaba en su ADN ser increíblemente fuerte. Para serte honesta, esta actitud era super efectiva porque no le tenía tanto miedo (siempre y cuando no tuviera una chancleta en mano), sino que la respetaba enormemente. Admiraba mucho su tenacidad y sabía que si ella estaba tratando de decirme algo con insistencia, tenía que prestarle mucha atención.

La gente dice que uno nunca deja de ser el niñ@ de su Mamá, pero una de las cosas que más adoro de mi adultez es lo fascinante, y me atrevo decir ‘adultas’ que las conversaciones con mi Mamá se han vuelto. No me malentiendas, no somos amigas, pero nuestras conversaciones son mucho más interesantes, honestas y únicas.

Ella me escucha y me conoce de una manera que nadie más puede - la mujer sabe cuando me pasa algo hasta por el teléfono. Sabe cuándo dejarme respirar, pero su sexto sentido nunca le falla, porque justo cuando creo que se desmorona mi mundo, mi Mamá siempre está ahí para darme la mano, sin yo decirle una palabra.

Ella es fuerte, independiente y una de las personas más trabajadoras que uno puede conocer, y su devoción por ser una Mamá, incluso cuando su única hija está a miles de kilómetros, es lo que me hace soñar con algún día poder tener mi propia familia. Porque al contrario de lo que me encantaba decir como adolescente, quisiera crecer para ser como ella.

Sí, ella no es mi amiga, pero esto no me afecta en nada porque ella es mi Mamá, y eso es mucho más grande que cualquier amig@ que pueda tener.